Ghost in the Shell: ¿más cascarón que alma?





No es fácil adaptar una obra como Ghost in the Shell, y con esto quiero traer a la mesa el hecho de que era una película sentenciada por los fans de la original incluso antes de que se estrenara. Personalmente muchas de las noticias que se fueron liberando sobre la construcción del film me parecieron desacertadas: como la elección de un cast casi 90% americano y el encargo de dirección a Rupert Sanders, un director del que no rescato nada.

Sin embargo al salir de la sala de cine me sorprendió la sensación que tuve, la película fue mejor de lo que esperaba (por que no esperaba mucho) pero se quema. He aquí mis 5 razones por las cuales esta  versión de Ghost in the Shell pudo ser grandiosa pero no lo fue:

1. Una versión para un público acostumbrado a no pensar


Lo que hace grandiosa a la Ghost in the Shell original es su premisa, una reflexión deconstructiva sobre lo que como humanidad creamos y por qué. En ella se presenta un contexto humano en donde un Japón distópico tiene la moral baja y la promesa de futuro viene con la obligatoria modificación y mejoramiento del cuerpo a través de fundirse con partes de máquina. Como todo lo humano, es difícil tener el control sobre las modificaciones, su legalidad y sus limites y éste es el terreno fértil para la trama de la historia.

Aquí tocamos terreno de clásicos como Blade Runner y Total Recall (films de los que esta adaptación bebe a borbotones a nivel estético), en donde se explora el efecto devastador de la tecnología en el aspecto humano de la sociedad.

Si, la película original es una joya estética, comparada con Akira y semilla de lo que sería Matrix, pero lo que hace que sea un clásico es su historia, que no se ve interrumpida por la acción que contiene, que no se ve superada por los efectos especiales. La historia es lo que nos hace cuestionarnos, así como Matrix lo logró en su primera entrega, es su triunfo sobre la pregunta etimológica de la existencia humana dentro de la máquina lo que la hace única y diferente a cualquier approach del sci-fi.

Claro, es una película exigente, muchos dirán que es una película de nicho, que no es para todo el mundo ¿pero no será que han subestimado al público? Estaba claro que la adaptación haría de la historia de algo más comercial, que una inversión millonaria de un estudio mainstream no iba a entregarle su dinero a un proyecto que no se iba a masificar y aquí le doy un punto, lo logra, acerca los conceptos fundamentales al espectador y le mastica muchas de las preguntas que genera el film original, pero lleva este facilísmo muy lejos y equívocamente presenta explicaciones innecesarias que distorsionan tanto a sus personajes como a su búsqueda.

Al final, el film esconde todas sus fallas narrativas detrás de un increíble despliegue de efectos especiales, y una película no puede apostarle su valor a la cantidad de CGI (sin importar lo increíble que sea) ni a la cantidad de balas disparadas.

2. ¿Tributo estético o cortina ciega?


Todo el despliegue en arte de la película es una compensación, ¡y vaya compensación! La potencia con la que el universo creado por Mamoru Oshii y Masamune Shirow se ve reflejado en esta adaptación es INCREÍBLE. Hay encuadres y secuencias exactas a la película animada y esto es de aplaudir.

Sí, como dije antes, el arte hubiera estado acompañado de una historia superior, esta película sería un deleite comparable con El quinto elemento, pero lo cierto es que Sanders se concentra en construir lo que considera una película deslumbrante que nos restriega sus bellísimos hologramas para esconder lo gris y tibia que es la historia a la que le han quitado lo más interesante de su argumento. 

Habia una oportunidad de aportarle, desde la tecnología pertinente a nuestros tiempos, a una historia que repito, tenia todo para sorprender. Necesitamos juntas ejecutivas que crean que hacer películas complejas argumentalmente (como las de Nolan) valen la pena. NO MÁS PÚBLICO ZOMBIE.

Sin embargo, si hay algo que vale la pena de esta película es su arte y espero pronto hacer un artículo sobre quienes lo manufacturaron. Putos genios.

3. Un intento de ensamble


El cast fue un intento fallido de ensamblaje. Primero se necesitaba un grupo diverso de personas que le hicieran justicia al Public Security 9: Aramaki, Mayor, Ishikawa, Batou, Tokuza, Maiven, entre otros, se constituyen como una unidad potente, que trabaja en equipo y que le plantea muchas de las preguntas importantes a la protagonista, que se conflictua entre la lealtad y los verdaderos sentimientos y vulnerabilidad de sus compañeros. El grupo fue absolutamente desperdiciado y al final no entendemos por qué le apoyan incondicionalmente.

Fue un error (del que sorprendentemente salieron ilesos a la orilla) haber escogido a un cast poco japonés, del que destacó a Takeshi Kitano. Si hay alguien que podía personificar a Aramaki era el. Johansson y Pilou Asbæk, quien interpreta a Batou, hacen un trabajo dedicado y comprometido a sus personajes lo cual es refrescante. Que no son perfectos, si bueno, pero me siento tranquila con el acercamiento que tuvieron a sus personajes. Los demás, incluyendo a la doctora interpretada por Juliette Binoche y a Kuze, son un desperdicio de elenco y terminan siendo personajes muy tibios.

Y tranquilos, esta entrega tiene una explicación a por qué la mayoría de personajes son caucásicos. Y es, a mi parecer, una buena explicación.

4. Ser rosa es taaaan Hollywood


Si bien le doy puntos a los guionistas por incluir a Kuze, personaje que circunda las series y no las películas de la saga, creo que desvirtuan totalmente su motivación original y su impacto en Mayor. Sí, el personaje tiene un vinculo casi romántico con la protagonista pero aquí fusionan este personaje con el potente Puppet Master, antagonista original, y eso amigos, es criminal.

Puppet Master es un villano omnipresente, que ya no depende de la presencia física y que pone en jaque a todo el estado nipón, lo que prende las alertas del Sector 9. Su motivación es tan profunda y su argumento tan sólido que como espectadores sentimos empatía por su causa. El Kuze de la versión 2017 es casi un niño perdido, que pierde fuerza a medida que va avanzando la película, y que al final resulta tener una conexión emocional bien forzada con la protagonista. 

A Mayor le crean una familia, un interés amoroso, un apego por su pasado que no existe y que no la deja fluir como lo necesita la historia, y como bonus un final feliz en el que prefiere no trascender. 

Ahora, digamos que no he visto nunca el material original de Ghost in the Shell. De todas formas nos quedamos con un grupo de personajes con motivaciones débiles y posturas gratuitas. No amigos, eso no se hace. 

5. Terreno Gris


Esto, eso sí que es lo que hace que una película se quede corta. Sentir que pudo ser todo y terminó diluyéndose. Mi sensación es que casi que prefiero que hicieran lo que hicieron y explicaran todo como lo explicaron a que nos envolvieran en algo que no estaban preparados para construir. Es tibia pero no es terrible. De hecho hay muchas cosas que me gustan y casi que prefiero imaginarme que todo esto es la historia que construyeron inspirada en Ghost in the Shell y no Ghost in the Shell en sí misma. 

Hicieron muchas cosas muy bien y no se pueden desconocer. Las secuencias animadas, el concept art, la dirección de arte, vestuario, color, son de una manufactura altísima. Me hubiera gustado, sin embargo, que usaran más la música original.

Siempre es difícil adaptar obras de culto y este film es un ejemplo perfecto para mostrarnos las falencias del cine comercial, que aun teniendo más que suficiente en materia de insumos y recursos, le apuestan a un cascarón bellísimo y descuidan el alma del argumento.



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